Por Pierre M. Maillard Editor-Jefe
| Estación de Montparnasse,
Paris, 22 de Octubre de 1895 |
Todo empezó de manera casi imperceptible.
Primero fueron los contratos temporales
que no se renovaron y luego, con
discreción, empezaron los despidos.Fueron despidos modestos al principio :
cinco aquí, siete allá y doce más allá
hasta que acabaron sumando significativamente.
En abril, más noticias de despidos
generaron gran preocupación.
Cartier dijo que recortaba horas a 500 de
sus 1000 empleados de la planta de producción
de La Chaux-de-Fonds. Franck
Müller prescindió de 100 empleados
según los sindicatos, mientras que la
dirección señalaba que eran 93.
Una cosa más preocupante, aunque con
menos cobertura por parte de la prensa,
sucedió al fabricante de embalajes de
lujo, Setco, en el La Chaux-de-Fonds, que
cerró sus puertas definitivamente,
perdiéndose 47 puestos de trabajo. Es
grave porque se aprecia en este caso un
ejemplo de las dificultades que se han
trasladado de los monitores de los ordenadores
a las billeteras de la gente mientras
que la crisis se recrudecía (esencialmente
el paso del mundo virtual de las
finanzas mundiales a la economía del
mundo real y del día a día). Los detallistas,
que ya veían acercarse la tormenta,
intentaron ralentizar el pasado otoño la
llegada de sus pedidos que, a pesar de
los malos tiempos, continuaban atiborrando
sus escaparates y almacenes ya de
por sí atestados.
Cuando, finalmente, hubo que detenerlo
totalmente, la contraseña pasó de
eslabón en eslabón de la cadena de
suministro, como una onda expansiva,
cogiendo amplitud y atizando con más
fuerza al final de la misma donde se hallan
los proveedores y especialistas (las
llamadas ramas anexas, que de hecho son la base de la industria relojera y sin
las cuales nada sería factible).
De un día para otro, los proveedores
vieron recortados sus pedidos en un tercio
o hasta dos tercios o más. Y, por si
esto fuera poco, el recorte los cogió con
abundante stock en sus almacenes y una
creciente presión para que redujeran sus
precios en un 10, 20 o 30 por ciento. En
la región del Arco Jurásico, que acoge
una multitud de pequeñas y medianas
empresas relojeras altamente especializadas,
la crisis descargó como un relámpago,
causando los mayores daños en
aquellas compañías que habían suscrito
cuantiosos préstamos en los años precedentes
para invertir en instalaciones y
personal. Hay que recordar que estas
empresas generaron 10 mil puestos de
trabajo en los últimos 5 años.
Ahora, las reducciones de horas o el
empleo a tiempo parcial son moneda
corriente. Los talleres funcionan al 50%
o incluso al 30% de su capacidad lo que
significa que están peligrosísimamente
sobredimensionados. “Aguanten
hasta el 2010, reduzcan sus expectativas,
esperen pacientemente la recuperación”
es el mensaje que intentan
imponer los responsables del sector.
Lamentablemente, un buen número de
entre ellos no va a tener la capacidad de
resistencia para aguantar hasta que
llegue la recuperación. Aún así, sabemos
de unos pocos que se muestran imperturbables
a pesar de la tormenta y continúan
con sus planes de investigación y
desarrollo de nuevos procesos y técnicas,
aguzando sus habilidades en espera de
días mejores.
Como consecuencia de todo esto, la
juventud, desmoralizada por la falta de
empleo en el sector, mira hacia otros horizontes.
Se cierne sobre la industria relojera
el gran peligro de que no ocurra el
mismo vacío generacional que ya se
experimentó cuando la gran crisis del
cuarzo. Podría ser que un día no
hubiera ni esferas ni manecillas ni
nadie que hiciera pulidos o grabados.
¿Cómo saldremos entonces de la crisis,
sin especialistas ?